Miércoles, 31 Mayo 2017 20:14

Entrevista a Pablo Rotemberg

Escrito por Diana Vignolles

Esta entrevista cuenta con la autorización del entrevistado y se realizó para la Extensión de Cátedra de Silvina Grinberg. Charlas con coreógrafos. Análisis de la obra la Idea Fija. Coreógrafo: Pablo Rotemberg.

Las preguntas las hicieron las personas que asistieron a la charla y algunas fueron hechas por Silvina Grinberg.

Grabado en 2012 y transcripto en 2013 por Diana Vignolles.

 

¿Pensás que tu obra es Danza-teatro?

Sí. Creo que es una obra de Danza-teatro. Hoy en día, parece que la obra tiene una orientación de la danza un poco demodé pero si tengo que ponerle un nombre a lo que hago no le pondría un “nombre”, la verdad. Es poco preciso ponerle ese nombre. Pienso que lo que hago es danza y los límites y esas cuestiones son obtusas. A veces, los que están en contra de esas denominaciones también hacen propuestas que son una reacción a eso mismo. Me parecen poco importantes los nombres.  Lo que me interesa es lo que la gente te dice después. La gente digo “nosotros” porque a “nosotros” no nos va a ver el mundo real.

La gente que nos va a ver, no se preocupa demasiado de esas cuestiones. A veces, me resulta irritable cuando tiene que ver con el medio y las relaciones entre los pares donde hay ciertas fricciones. Con qué es lo que hace uno, en qué lugar está, si está de moda o no, si es viejo o no. Uno tiene que hacer lo que puede y quiere y cómo puede. Defender lo suyo. El límite no es importante. Pero si hay que ponerle un nombre, hay que ponerle ese nombre.

 

¿Los Intérpretes que participan de la obra son todos bailarines?

Los críticos en los diarios, la mayoría, los nombran como actores y a mí me llama la atención. También porque la gente que escribe sobre danza, no escribe de danza. En realidad, son críticas de teatro. Van desde la mirada del teatro.

De los chicos que están en la obra, sólo uno no es bailarín. Después hay una chica que hace un poco de todo. Los otros tres son re bailarines. Alfonso Barón, Rosaura García y Juan González. Marina hace de todo, actúa muy bien. La idea era que el personaje de Mariano Mazzei sea alguien que esté fuera del relato. Un cuerpo que no es un cuerpo de la danza.

Esa era una idea desde el comienzo. Que todos los caracteres fueran diferentes pero creo que en Mariano, además de ser diferente, de otro origen, se le ven las marcas del cuerpo.

 

¿Esta decisión fue parte del proceso creativo o estuvo desde el inicio?

No, desde el inicio. La obra, como la ensayamos bastante tiempo, fue así como complicado en relación a tiempos, etc. Fueron cayendo en el camino varios. Y Mariano, Marina y Rosaura fueron los que quedaron desde el principio. Fue un proceso largo. Creo que ahora las condiciones son distintas. Los compromisos ahora se toman de otra manera. Antes yo ensayaba un año y lo aceptaba. Los tiempos ahora son más cortos.

 

¿Cuánto tiempo estuvieron ensayando antes del estreno?

Empezamos en agosto de 2009 y estrenamos en julio de 2010. Ensayamos bastante. Dos o tres veces por semana.

 

¿Tenías bien claro cuál era la finalidad en la obra? ¿Sabías lo que querías trabajar inicialmente?

No. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo dos trabajos. Uno es para el Ballet del San Martín y el otro en el IUNA de Artes Dramáticas, en los proyectos de graduación donde llaman a 4 directores y me llamaron a mí. Me sorprendió, la verdad, porque tendrían que ser directores de teatro...Con ellos estoy en el ensayo y no tengo idea de los que pueda llegar a ser. Estoy más perdido porque no quiero hacer una obra de teatro. Lo mismo con el Ballet. Ensayamos todos los días con asistentes y después llevamos las partes seriadas al Ballet. Desde que llegamos, hasta que nos vamos, trabajamos con series. Pero tampoco tengo un plan. Tengo una imagen ideal de mí mismo como alguien que tiene que pensar, investigar, sentarse en casa a buscar material pero, en realidad, no sucede.

La verdad es que, en la Idea Fija, fue bastante saturante el proceso. Lo confieso porque primero, sí tenía una idea que era el “suicidio”. Muy de la Danza-teatro. Decidimos trabajar el “matar”. Después, no resultó. Apareció luego la idea del desnudo que no era algo que me interesara en particular. Ya había hecho en “El lobo” un desnudo en una parte pero no tenía la percepción de mí como la tengo de los chicos ahora.  Empezó una idea en la danza que fue alejarnos de la idea de la belleza. Un día pasó eso. Estaba improvisando con los chicos, me saqué un montón de ropa, apagamos la luz y no quedamos todos en bolas. Improvisamos y empezó a aparecer algo que me interesó. El desnudo asociado a la sexualidad. Si bien la obra ya está, ahora uno ve cómo tendría que ser la obra después de que se terminó; aunque aceptando que los procesos tienen que cerrar en algún momento. En la obra se ve más o menos la idea de un cuerpo “vulgar”. Medio anti estético y lo que hacen los chicos es más carnal. Tampoco es obscena la obra. Sería un cuerpo más desafectado porque ellos trabajan más como máquinas pero, a su vez, más esenciales. Siento que fue casual. Cuando te preguntan cosas, comenzás a unir cómo se manifiesta la sexualidad y el cuerpo hasta llegar a la soledad de cada uno. Las formas de la sexualidad que aparecen son más bien masturbaciones solitarias. Están solos literalmente. Después leí una frase de Lacan que era eso, “el momento de soledad máximo es en la relación sexual donde supuestamente, hay una unión; aunque en realidad, uno está solo”.

 

¿Cómo es para vos un ensayo, en este proceso? ¿Planteabas una propuesta para la improvisación?

No tengo un método. Por eso te digo, este proceso fue particularmente especial pero no fue malo. Tuvimos muchos ensayos donde las impros eran buenísimas pero después en algún lugar, algo se acumuló. En los procesos, en general, los ensayos pueden tener un material con una intensidad que después, cuando se tiene que filtrar, no queda. No se sabe cómo hacerlo. Sobre todo, cuando hay que fijar algo de material. En otros momentos, salían cosas que estaban buenas y que a veces nos quedábamos dos horas con un material sólo y nos generaba una especie de presión y no sabíamos qué hacer. A mí el rol de director me gusta pero a veces me siento perdido. Los procesos son así. Este era un lugar más experimental.

Lo cierto es que cuando teníamos que estrenar, todo ese material quedó medio en la nada y me puse de enserio con Ayelén Clavin que era mi asistente y nos pusimos a hacer series y, más o menos, eso quedó. Había algo de material de improvisación que se perdió. Las situaciones, los climas....quedaron un poco pero sentía que, si no, nunca iba a terminar la obra y le tenía que devolver la plata a Prodanza. (risas)

 

¿Cuándo comenzaste a sentir que estaba bueno y que te iba a llevar a algún lugar?

En Marzo de 2010. Ahí empezamos sobre algunas bases. Empezamos a bailar y a marcar. Casi todo está seriado. Algunas cosas, no. de Los solos, tenían material de cada uno.

Al principio, el caos siempre es necesario. A veces puede no llevar a ningún lado. En realidad, cada uno hace como puede, ¿no? El germen de algunos movimientos en las improvisaciones quedan. Hay escenas que no me interesaban que sean teatrales. Los que vieron la obra, sabrán que hay una escena donde se canta una canción. No me interesaba trabajar con el lenguaje teatral. Les pedía que no tuviesen gesto en ese momento.

La idea de la obra, al principio, fue “no vamos a poner una canción”, “no vamos a bailar una tarantela”, pero bueno, lo hicimos. Esas decisiones, las más teatrales, fueron en relación al poco tiempo que teníamos. En un momento, colapsé y dije hagámosla así., con cosas que sabíamos iban a funcionar. Para mí la obra era más interesante en la primer etapa donde era más o menos más austera y cíclica. Lo difícil de lo teatral es cuando aparece la palabra.

 

¿Y qué es “actuar” para vos?

Actuar con los códigos del teatro. No sé... a mí me gusta que surja la actuación pero desde el movimiento, de la repetición. Cuando el cuerpo está tomado y empieza a crear estados. Es una visión muy romántica. Muy de la expresión del “yo”.

Antes sufría cuando veía algo que era muy actuado porque para mí hay que producir el estado desde el cuerpo. Lo veo en los actores en general, salvo excepciones que tienen un entrenamiento más mixto y eso no pasa. El actor tiene otro concepto del movimiento. Mi teoría es que el movimiento no es un fin en sí mismo para ellos. En cambio, para mí, el movimiento debe expresar algo de espíritu, de alma. El actor tiene la acción ligada a la palabra. O un ser del cuerpo que es diferente.

 

Leí en algún lado que estudiaste cine, ¿pensás que cuando componés, componés cinematográficamente?

No, estudié cine pero después de recibirme nunca hice nada porque no me gustaba el medio.

 

¿Pero no pensás que de algún modo aporta?

Para mí aporta pero no como en el oficio de hacer cine.

No digo haciendo cine sino haciendo obras de danza.

En el imaginario, sí. En los recursos, no. Usé proyecciones una vez en una obra pero sí desde algo que veo yo nada más, tal vez. En las imágenes aparece también, tal vez. En esta obra pienso en David Lynch. Siempre fui muy cinéfilo desde chico. En lo visual sí aparece.

 

Pienso que además de estudiar cine, estudiaste música. Toda esa información hace de vos una persona como....no aparecen todas estas cuestiones en las obras literalmente pero.....tenés un sentido de la musicalidad en tus movimientos muy rico que no es común. Es muy interesante y enriquece. Es muy vivo.

Sí, en lo de la música lo veo como algo más concreto. Toco el piano desde chico. Son todas cuestiones que uno lucubra sobre uno. Creo que hay algo de ritmo que la danza tiene parecido a la música. Desafectar el texto de la narración y eso acerca a la danza a la música, en ese sentido. En cierta literalidad y pensamientos formales para armar la estructura y generar ritmo. Es pensar como un montaje y eso es lo que me acerca a lo musical.

 

Con respecto al material de movimiento en la obra,  había algo de los gestos sexuales femeninos y masculinos y veía que no importaba el sexo del intérprete, ¿eso se trabajó a propósito?

Sí. Creo que hubo mucho de masculinizar. La mujer está más del lado de la mirada del hombre. De hecho, en un momento, alguien me dijo que era misógino.... ¿las mujeres qué onda?, me dijeron...están como en un lugar...pero, bueno, tiene que ver con quién soy yo. Quizás hay un lugar donde la mujer está un poco más masculinizada. Rosaura podría pasar por un hombre. Marina es la única que es “mujer”. Si volviese a trabajar algo así, tal vez, ahondaría sobre la cuestión de género. Porque en ese momento no lo pensaba. Es un tema que está de moda, tanto en la sociedad acá en la Argentina como en Europa. La indefinición o la transparencia de los géneros.

 

Se trabajó pero no como intencionalidad.

No, la verdad lo trabajé inconscientemente. Me di cuenta después cuando alguien me lo mencionó.

 

A los intérpretes, ¿los conocías de antes?

Sí. Los conocía más o menos, pero los conocía. No de haber trabajado con ellos. Sólo con Marina. Por eso a los que no les gustó, que fueron tres de los intérpretes, fue porque no les interesaba el proceso. Antes éramos seis, pero una chica dejó porque quedó embarazada y quedaron cinco.

 

¿Todavía hay una cuestión con el sexo y con la desnudez en escena? Genera un resquemor de algo, de escándalo que, la verdad, ya fue, ¿no?

Creo que hay algo de nosotros....que somos un país muy pajero. Nos gusta la morbosidad. Igual después pensaba...la obra que hacemos...comparado a Tinelli, es una estupidez. Evidentemente, hay una vuelta o un lugar donde si la gente igual viene...debe ser por algo...

 

¿Tu obra tuvo una apertura a otro público? Salieron varias notas en varios medios importantes.

No, en general, salen notas de obras de danza. Hace tres años que estamos en una sala que está siempre llena prácticamente. Viene un poco de gente “normal” pero son fenómenos pequeños. Este año estuvo por suerte, siempre lleno y la vamos a seguir haciendo, si hay lugar. Al mundo del teatro le gusta más la obra.

 

¿Sentís que hay que darle un lugar y defender nuestro propio trabajo?

Yo me conozco y sé que no hago lobby y demás. Lo cierto es que decimos...no hay más coreógrafos pero la verdad es que, cuando nos hacemos más grandes, tenemos que trabajar más. Tenemos más gastos. Otras expectativas de la vida material. Si uno no tiene la claridad que es: “esto no lo voy a seguir haciendo”, no lo deja nunca. Todos los que hacemos esto somos vanidosos. Todos queremos reconocimiento, que tiene que ver con el dinero y con las cosas que produce. Para mí es un tema que me hace sufrir también. Hay que aceptar que uno puede estar en conflicto con otros intereses y miradas. Si estás en conflicto con la mirada dominante...donde la verdad yo no estoy contemplado...y...mi vanidad a veces me hace sufrir. A veces pienso que también yo lo busqué....

Hay ciertas cuestiones actuales con respecto a catalogar...pero también debemos saber que mantenerse fiel a lo que uno hace, está bueno.

Yo no estoy en la vanguardia. Entre comillas....como para usar una palabra. Hay cosas que, tal vez, están más asociadas a lo que pasa en Europa. Igual pienso que nosotros hacemos algo periférico. Somos una cultura periférica. Puede haber gente talentosa y que si está en Europa, tal vez, les vaya bien. Ya lo sabemos. Pero para mí, producimos fuera del centro. En la danza, particularmente, eso está muy sujeto a cierta evolución en la técnica. Producir por fuera tiene sus ventajas como sus desventajas.

 

¿Pensás que se puede producir sin esa “mirada”?

No sé. Cada uno tiene que hacer... no sé. Tomar decisiones. Hacer lo que lo identifica. Hay gente acá que produce cosas que están más a la vanguardia que sería lo que se hace en Europa ahora. Yo sé que en Europa ves de todo. Tenes danza.-teatro, Muller, etc. Una cosa más performática que son cultas...no sé cómo decirlo. Yo no hago eso, ni lo voy a hacer y ya. Salvo que en un momento tome un giro drástico en mi trabajo. Hay gente que lo hace. Por ejemplo, la gente de Krapp dio un giro drástico y ellos hacían algo que se parecía más al trabajo mío. Ahora no tiene nada que ver. Esa es una evolución de cada uno. Me parece que mi estilo es más parecido a todos, digamos. Uno tiene que hacer lo que lo representa. ¿Qué es vanguardia?. Si tenés que ir a Bruselas, bueno, andá a Bruselas. Percibir qué es lo que hace el Centro que es muy fuerte, donde está el poder. Poder económico y cultural. No soy especialista pero es donde está todo. Donde todo nace y se produce. Creo que uno como artista tiene que viajar. Esta bueno intercambiar. Es algo de nuestra época. Un tema conflictivo pero más personal a la vez.

 

¿Qué querés transmitir y a quiénes cuando componés?

Hay que asumir que la danza es periférica. La danza contemporánea. A nosotros nos jode más cuando sentimos que no existimos. Que ahora exista el Instituto Nacional de la Danza...cosas que ahora se están moviendo y son actuales pero la danza no tiene presencia en la sociedad actual. Las opciones, entonces, son pocas. No hay compañías...es difícil. El actor va y se mete en la tele. Un director, de última, termina en un teatro en la calle Corrientes. Nosotros...no sé...en la Comedia Musical o en Infantiles, es una veta. Yo Comedia, no, la verdad....tengo que aceptar que lo que hago tiene un lugar. No voy a ir con la Idea Fija al Paseo La Plaza....

Julien Harrison es un maestro de improvisación que vino acá un par de veces y tomé clases con él cuando viajé. Es inglés y vive en España. Él me dijo, una vez, “La danza es periférica. Es una disciplina corrida. Eso es una desventaja pero una gran ventaja a la vez. En ese sentido, nos hace libres”. Puede sonar un poco hippie pero es así.

 

¿Creés que a lo largo de las carreras de los coreógrafos se puede ir vislumbrando un estilo o eso está más relacionado a las etapas de la vida?

Creo que todos tenemos un estilo. Con el tiempo se va haciendo más evidente. El estilo también se puede convertir en una pesadilla. Más que como un valor positivo, lo veo como algo negativo. Que siempre se hace lo mismo y te repetís. Por eso, está bueno rodearte de otras personas; intérpretes y asistentes que te nutran de lenguaje. El estilo se define a la segunda obra que hacés y, después, es la lucha. Es una dialéctica. Por un lado, está buena la marca de cada uno. Saberla. Pero, por el otro lado, te persigue. Hay gente que toma giros muy drásticos pero tampoco creo que sea la solución.

 

¿Puedo preguntarte cuánto salió la obra?

Un montón. A mí me dieron de Prodanza en el 2009, $8000. Nada. Después, yo puse $30.000. Igual ahora está mejorando la situación con los subsidios. Son buenos los cambios y son para bien.

Hay una cantidad de producciones que se mantienen por fuera de los subsidios...me preguntaba..... ¿La danza periférica en Argentina tiene una periferia de periferia?

Obvio. Uno tiene que tener bien en claro las cosas. Si lo hago en el living de mi casa o si lo hago en el Portón de Sánchez, son decisiones. Nadie en la cooperativa quería poner prensa. Yo puse la plata para la prensa. Si no veo lo bien hecho, no me puedo quedar tranquilo. Otras personas, tal vez, lo hacen ellos. Yo no mando mails, no lo hago. No me sale.

 

¿Y qué pensás de las críticas?

Las críticas son para la vanidad de uno. Hay muchos críticos hoy día que no tienen reflexión sobre la danza o vienen de la crítica del teatro, salvo excepciones. Laura Falcoff, antes Analía Melgar. De La nación, Alejandro Cruz pero la verdad, que el teatro tiene historia. La danza, no. ¿Los referentes cuáles son? Julio Bocca, Eleonora Cassano. Los grandes arrastran a todos. Por suerte, la generación de ustedes es más combativa, más política.

 

¿La obra la registraste a tu nombre?

Sí porque lo decidimos así. Primero, porque la mayor parte de los gastos fueron míos y la coreografía no aparece sino la dirección. Con este grupo no tuvimos ningún problema. Podría haber habido planteamientos pero depende del grupo. Por ejemplo, ahora que no voy a las funciones, no cobro la cooperativa. Cobro solo Argentores. El porcentaje en seis meses.

Bueno, agradecemos a Pablo por acceder a nuestra invitación.

Gracias a ustedes.

 

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